40 años después de su edición en el mítico y colosal Album Blanco de Los Beatles, Helter Skelter sigue sonando tan apabullante, inquietante, terrorífica y misteriosa como cuando los Fab la grabaron en una sesión catártica y alienante en la que pusieron en 10 todos los amplificadores de Abbey Road al punto de casi volar el techo del estudio. Ya para entonces no eran los cándidos muchachos que querían tomar tu mano. Eran cuatro tipos con frustraciones insoportables que se odiaban entre sí y que en lugar de matarse a golpes se encerraron una noche de brujas para fundirse como una sola entidad en un aquelarre infernal y grabar esta canción enferma para sacar, al menos por unas horas, todo lo que los estaba pudriendo por dentro. A pesar del propio McCartney, que quiso componer una estúpida canción sobre toboganes y resbaladillas, Helter Skelter se convirtió en una invocación de sus demonios personales, que acabó contagiando a sus tres compañeros para volver a crear una sinergia única, ya casi perdida en el cuarteto; musicalmente en algo nunca antes escuchado en un disco -una hazaña fundacional más en la historia de Los Beatles- y en un exorcismo musical que -así de tétrico- llegó a inspirar -según el retorcido y más enfermo argumento del criminal- algunos de los asesinatos del clan de Charles Manson, incluyendo el de Sharon Tate, esposa del cineasta Roman Polanski. La primer canción punk, metal y trash de la historia. La versión original, que supongo fue lanzada como el Anillo Unico al fuego de Mordor ya que nunca fue publicada ni siquiera en bootlegs, duraba 27 minutos. De esa legendaria y desaparecida toma sólo se agregó a la mezcla editada en el disco la voz de Ringo gritando al final, después de un falso final en el que la canción desaparece y regresa "¡Tengo ampollas en los dedos!" antes de desmayarse sobre la batería. Una verdadera locura. La revista "Q" la ubicó en el puesto 5 dentro del ranking de las 100 canciones de guitarra más importantes en la historia del rock.
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